Por: Sandra Dueñes Monárrez

Chihuahua, Chih., a 1 de mayo del 2026.- En la calle Paseos de la Cimbalaria, en la colonia Camino Real, el silencio de la madrugada del pasado 31 de marzo no fue interrumpido por balas, sino por un suspiro que se detuvo. Una mujer de 42 años se convirtió en el primer rostro del 2026 en una estadística que las autoridades prefieren leer en voz baja. El diagnóstico: Edema Agudo Pulmonar. La causa real: una sobredosis de benzodiacepinas que apagó su sistema respiratorio antes de que alguien pudiera notar que se estaba yendo.

Ella es la víctima número uno de este año, pero es apenas un eslabón en una cadena de 116 tragedias que, desde enero de 2024, han convertido a la capital del estado en un campo de batalla silencioso contra las sustancias de abuso.

Un análisis profundo de los registros de la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses revela que en Chihuahua la muerte tiene códigos postales predilectos. No se trata de casos aislados en la periferia; es una mancha de aceite que se extiende desde los barrios más antiguos hasta los hoteles del centro histórico.

La Colonia Obrera y el Barrio El Bajo encabezan la lista de «zonas rojas». Ahí, la cercanía con el Hospital General no es una ventaja, sino una condena: muchos llegan a la Avenida Colón solo para que se certifique que sus pulmones se inundaron de líquido tras consumir un cóctel de cristal y fentanilo.

El veneno no discrimina. En la Colonia Alamedas, un adolescente de apenas 17 años perdió la vida tras consumir una mezcla letal de anfetaminas y opioides. En el extremo opuesto, en la Colonia Desarrollo Urbano, la calle 2a se ha vuelto un punto recurrente de levantamiento de cuerpos, donde el hacinamiento y la falta de oportunidades forman el caldo de cultivo perfecto para la sobredosis.

Para los médicos forenses, el término recurrente es «Edema Agudo Pulmonar No Cardiogénico». En el lenguaje de la calle, es el resultado de un mercado inundado de sustancias adulteradas.

Los datos son fríos pero devastadores:

  • 2024: Cerró con 48 decesos.
  • 2025: La crisis se agudizó con 65 muertes, un incremento del 35% que encendió las alarmas de los servicios periciales.
  • El perfil: Hombres y mujeres de entre 20 y 45 años, en la plenitud de su vida productiva, están siendo borrados por el policonsumo.

El reporte revela hallazgos que parecen sacados de una novela de terror: un hombre de 45 años hallado sin vida en el interior de un vagón de Ferromex, con el cuerpo marcado por la desnutrición y el abuso de anfetaminas. O las muertes en habitaciones de hoteles como el Centro Viajero, donde la soledad se vuelve el cómplice final de la sobredosis.

Mientras la política estatal se enreda en debates sobre presupuestos y seguridad, la plancha del forense no descansa. La crisis de sobredosis en la Ciudad de Chihuahua es una emergencia de salud pública que se trata como un asunto criminal.

«Es el costo humano de una simulación», dicen las voces críticas. Los ciudadanos ponen los cuerpos en colonias como la San Rafael, Villa Juárez y Cerro de la Cruz, mientras las estrategias de prevención parecen no llegar a los callejones donde el fentanilo ya es una realidad cotidiana.

Chihuahua hoy no solo lucha contra la violencia de los cárteles; lucha contra la invisibilidad de sus adictos. Cada uno de los 116 folios en el archivo de Servicios Periciales representa una silla vacía, una familia rota y un estado que parece haber olvidado que, detrás de cada positivo a benzodiacepina o metanfetamina, había un chihuahuense que murió esperando una mano que nunca llegó.

La estadística está ahí, en papel. Los nombres de las colonias están marcados. La pregunta para la sociedad y sus gobernantes es: ¿cuántos folios más deben acumularse para que esta epidemia deje de ser invisible?

El Espejismo de la Justicia y el Negocio de la Muerte