
Por: Sandra Dueñes Monárrez
Chihuahua, Chih., a 1 de mayo del 2026.- En la política, como en la física, no existen los vacíos; solo los espacios que se llenan con conveniencia. Mientras el tablero nacional se sacude con el «efecto dominó» que inició en Sinaloa con la captura de Ismael “El Mayo” Zambada y el asedio mediático sobre el gobernador Rubén Rocha Moya, una vieja sombra vuelve a proyectarse sobre la narrativa oficial: la de la DEA. Pero no la DEA que se presenta como la salvadora del mundo, sino la que admite, en sus propios documentos, estar carcomida por dentro.
Resulta revelador el timing con el que hoy se desempolva el reporte de la Revisión de Operaciones en el Extranjero (Foreign Operations Review). Este documento, fechado en marzo de 2023 —la auditoría más profunda en los 50 años de la agencia—, no es una crítica externa; es un «mea culpa» institucional. En él, la propia DEA reconoce que sus agentes de élite, esos que juraron combatir al narco, terminaron por mimetizarse con él.
Aqui en documento…👇
Es la radiografía del llamado «Equipo América»: un grupo de agentes que transformó la guerra contra las drogas en una farsa de lujos, bacanales en Colombia y lavado de dinero. El documento admite que la soberanía de los países anfitriones, incluido México, fue intercambiada por beneficios personales, mientras unidades enteras de inteligencia eran infiltradas por el crimen organizado.
Pero, ¿por qué importa hoy un reporte de 2023? Porque es el escudo perfecto. Para el gobierno de la 4T, revivir la podredumbre de la DEA es la respuesta estratégica al «caso Rocha Moya». Es la forma de decir que el acusador no tiene autoridad moral; que mientras Washington señala con el dedo las omisiones en Sinaloa, sus propios agentes estaban de fiesta con el enemigo. Es una guerra de narrativas donde la verdad es la primera baja.
Sin embargo, mientras las élites políticas se lanzan documentos y filtraciones como si fueran granadas de fragmentación, la realidad en el terreno es mucho más cruda y menos elegante.
El contraste entre el discurso y la morgue es, sencillamente, brutal. Mientras en las altas esferas se presume una estrategia de seguridad de «primer mundo», las cifras de la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de Chihuahua cuentan una historia de abandono y muerte. Entre enero de 2024 y abril de 2026, solo en la capital del estado ha acumulado 116 muertes por sobredosis oficialmente registradas; una tragedia que no distingue colonias, arrebatando vidas desde el Barrio El Bajo hasta la San Rafael, con un promedio aterrador de casi una víctima por semana durante el último año.
No son solo estadísticas; son diagnósticos de Edema Agudo Pulmonar que esconden el rastro del fentanilo, el cristal y las benzodiacepinas. Es la realidad de una juventud de entre 20 y 40 años está siendo devorada por sustancias que, en teoría, las agencias de inteligencia deberían haber frenado en la frontera. Pero aquí es donde la tragedia local se conecta con la podredumbre internacional.
El reporte histórico de la DEA de marzo de 2023 período en la cual se registró la auditoría más cruda en medio siglo de la agencia— confiesa lo que muchos sospechaban: que la «Guerra contra las Drogas» ha sido, para muchos de sus agentes de élite, una farsa de lujos y conveniencia. Bajo el amparo de la placa, el llamado «Equipo América» operó una red de lavado de dinero, armas y bacanales, intercambiando la soberanía de naciones como México por beneficios personales. Hoy, ese documento de 2023 resurge no como un acto de justicia, sino como una pieza de ajedrez político que el gobierno de la 4T utiliza para cuestionar la autoridad moral de quienes hoy señalan al gobernador morenista Rubén Rocha Moya y al sistema político mexicano.
Al final, el círculo se cierra con una simulación trágica: mientras los agentes de la DEA se entregaban al exceso en hoteles de lujo, las corporaciones locales —asfixiadas por presupuestos limitados y carcomidas por el mismo cáncer de la corrupción— quedaban a la deriva.
Si la agencia antidrogas más poderosa del mundo fue alcanzada por la podredumbre, ¿qué podíamos esperar de nuestras policías estatales y municipales? Así, mientras los de arriba brindaban con el dinero del narco, en las calles de Chihuahua se sembraba la semilla de las 116 tragedias que hoy documenta la estadística forense. Es el costo humano de una farsa donde los poderosos se cuelgan medallas y los ciudadanos ponen los cuerpos en la plancha.
No son solo números. Son jóvenes de 20 años en la colonia El Bajo, hombres de 30 en la Obrera y víctimas en los pasillos de hospitales públicos que sucumbieron ante el fentanilo y el cristal. Es el Edema Agudo Pulmonar como sentencia de muerte recurrente.
Mientras los agentes de la DEA en el reporte de 2023 disfrutaban de lujos mal habidos, en las calles de nuestra ciudad la droga que ellos y las autoridades mexicanas debían frenar sigue reclamando vidas con una eficiencia aterradora.
El contraste es obsceno. Por un lado, la alta política utilizando informes de corrupción como moneda de cambio para proteger a gobernadores o atacar agencias extranjeras. Por el otro, el rastro de cuerpos que llegan a la morgue de Chihuahua, víctimas de una «guerra» que parece haberse ganado solo en los bolsillos de los corruptos de ambos lados de la frontera.
Al final, lo que nos queda es un espejismo de justicia. Unos usan la soberanía como pretexto para la opacidad; otros usan la placa para el enriquecimiento. Y en medio, una sociedad que pone los muertos mientras los poderosos siguen jugando al ajedrez con plumas que, de tanto firmar acuerdos oscuros y redactar desmentidos, terminaron por romperse.






