Por: Redacción.

Asunción/Bonn., a 17 de junio del 2026.-  La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha confirmado una probabilidad del 80% de que un episodio de fuerte intensidad del fenómeno «El Niño» se instale en la región entre junio y agosto, con una consolidación del 90% prevista para noviembre. Esta proyección no solo representa un reto climático, sino una amenaza estructural para la estabilidad económica y ambiental de América Latina y el Caribe.

Aunque la OMM cuenta con pronósticos sólidos, la precisión sobre el momento cumbre e intensidad del evento permanece sujeta a la interacción entre el océano y la atmósfera. Bárbara Tapia Cortes, coordinadora técnica de la OMM para las Américas, señala que será hasta septiembre cuando se tenga claridad sobre la persistencia de este evento.

El investigador Ben Clarke, del Imperial College de Londres, advierte que la región enfrenta un panorama polarizado: sequía extrema en el norte del continente y lluvias torrenciales en el noroeste de Sudamérica y el Cono Sur. Este desequilibrio hídrico no solo altera el clima, sino que transforma sumideros naturales de carbono, como Brasil, en posibles fuentes de emisiones debido al riesgo elevado de incendios forestales.

Las consecuencias económicas se concentran en el sector agrícola y pesquero, motores de las economías locales. Isabel Mesquita, del Global Landscape Forum, alerta que el encarecimiento de la producción —derivado de la escasez de agua, plagas e infraestructura dañada por inundaciones— pone en riesgo directo la seguridad alimentaria, afectando especialmente a hogares rurales y cultivos clave como el maíz, frijol, soja y café.

Por su parte, el sector pesquero enfrenta una alteración en las corrientes oceánicas, particularmente en las costas de Perú y Ecuador, donde especies fundamentales como la anchoveta corren peligro al ver limitado su acceso a nutrientes, desencadenando un efecto dominó en toda la cadena alimentaria marina.

Ante la gravedad de las proyecciones, la crítica de los expertos se centra en la oportunidad perdida de los gobiernos si estos se limitan a un enfoque reactivo. Tapia destaca que, a diferencia de los huracanes, «El Niño» permite una ventana de tiempo suficiente para la implementación de medidas preventivas.

Las recomendaciones de los especialistas incluyen:

  • Gestión Hídrica: Actualizar planes de contingencia y fortalecer el almacenamiento de agua en regiones propensas a sequías.
  • Resiliencia Agrícola: Adoptar variedades de cultivos resistentes al clima y ampliar el acceso a seguros de cosechas y crédito para pequeños productores.
  • Adaptación Estructural: Reforzar el monitoreo de desastres naturales y transitar hacia prácticas de producción sostenible para reducir la dependencia de combustibles fósiles, principales impulsores del cambio climático.

La crisis que se avecina pone a prueba la capacidad institucional de los países latinoamericanos. La pregunta no es solo si los gobiernos cuentan con los datos para prever la catástrofe, sino si poseen la voluntad política para ejecutar políticas de adaptación a largo plazo que trasciendan la emergencia temporal.