Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Hidalgo del Parral, Chih., a 28 de octubre del 2026.- La dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), encabezada por el diputado federal del tricolor, Alejandro Domínguez arremetió contra la sindica municipal de Parral, Dalila Villalobos y el regidor Vicencio Chávez por abandonar sus filas tras décadas de militancia, sugiriendo acercamientos opacos con otras fuerzas políticas rumbo al escenario electoral.

La frágil cohesión interna del PRI en la región sur del estado sufrió un severo revés tras la renuncia formal de la síndica municipal de Hidalgo del Parral, Dalila Villalobos, y del regidor Vicencio Chávez. La salida de ambos funcionarios desató una dura reacción por parte del Comité Directivo Estatal del tricolor, que calificó el deslinde como un acto de «incongruencia, deslealtad y oportunismo político».

A través de un pronunciamiento institucional, la dirigencia priista cuestionó la postura de los ediles parralenses, señalando que sus trayectorias públicas y posiciones de representación popular fueron construidas gracias al respaldo político, financiero e institucional del partido durante varias décadas.

«Es extraño que digan que no recibieron apoyo, cuando son lo que son por el apoyo del PRI. La ambición, la incongruencia y la soberbia son malos consejeros en la política. No se puede construir una trayectoria bajo el respaldo de un partido y después desconocer los principios» , aseveró la representación estatal.

En su posicionamiento, la cúpula priista deslizó que la dimisión de Villalobos —quien previamente había ocupado una regiduría y denunciado presuntos actos de hostigamiento en el Cabildo parralense— y de Chávez responde a negociaciones soterradas y compromisos pactados con otras fuerzas partidistas de cara a futuros procesos de selección de candidaturas.

El partido argumentó que la dirigencia brindó acompañamiento constante a los funcionarios en momentos de tensión política local, por lo que acusó que «las aspiraciones personales terminaron imponiéndose sobre los principios y compromisos asumidos con la militancia».

La respuesta del PRI apela a la noción de pertenencia y lealtad institucional como un activo moral intransferible. Sin embargo, recurrir al argumento de que los representantes «son lo que son por el partido» minimiza el desgaste del capital político propio de los actores locales y evidencia la incapacidad de las dirigencias para retener cuadros comunitarios mediante consensos o espacios de proyección real.

La renuncia de la síndica y el regidor en una plaza históricamente disputada y volátil como Parral confirma la aceleración del transfuguismo político. En un ecosistema donde las siglas partidistas han perdido rigidez ideológica, la fuga de perfiles clave hacia otras plataformas refleja una búsqueda de supervivencia presupuestal y electoral, dejando a las dirigencias tradicionales en una posición de vulnerabilidad y control puramente discursivo.