Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 6 de febrero del 2026.- La política mexicana ha tocado un nuevo nivel de desconexión social. En medio de una crisis de seguridad nacional, el escándalo de la senadora Juanita Guerra (PVEM), captada pintándose el cabello en plena jornada laboral, abrió la «caja de Pandora» de los privilegios que se viven dentro de las cámaras.

Ahora, la senadora Amalia García sale a la defensa de estos salones, asegurando que por solo 200 pesitos los legisladores pueden peinarse y cortarse el cabello sin salir del recinto. Lo que ellos llaman «un servicio honesto», para el ciudadano de a pie es una bofetada de privilegio.

La justificación de Amalia García es cínica: dice que no se usan recursos públicos porque cada quien paga su corte. Sin embargo, la realidad es otra:

  • Renta Cero: ¿Cuánto pagaría un estilista por un local en una zona blindada y con afluencia garantizada de 5,000 personas? En San Lázaro, el espacio es gratis.
  • Servicios de cortesía: El agua, la luz, el aire acondicionado y el mantenimiento del local corren por cuenta del bolsillo de los mexicanos.
  • Tiempo Legislativo: El sueldo de una senadora ronda a más de 113 mil pesos mensuales. Cada hora que pasan en la silla del estilista mientras hay sesión o trabajo en comisiones, es dinero tirado a la basura por los ciudadanos que les pagan para legislar, no para hacerse el manicure.

Figuras como Josefina Vázquez Mota y otros personajes de la política han desfilado por estas estéticas por décadas, demostrando que para la «élite» política, la prioridad es salir bien en la foto, aunque el país se esté cayendo a pedazos.

La senadora Amalia García de Movimiento Ciudadano justifica la existencia de este SPA legislativo porque «hay mucha gente». La pregunta es: ¿Desde cuándo las sedes del Poder Legislativo deben funcionar como centros comerciales con servicios de belleza para sus empleados de lujo?