Por: La Redacción.

Tumaco, Colombia., a 6 de febrero del 2026.- Lo que oficialmente se reportó como «explosiones accidentales» en laboratorios de cocaína, hoy se perfila como el inicio de la ofensiva militar que Donald Trump prometió contra los cárteles. El saldo es aterrador: más de 30 personas calcinadas en la zona fronteriza con Ecuador, y todas las pistas apuntan a una operación ejecutada con drones desde bases extranjeras.

Aunque el gobierno de Gustavo Petro ha mantenido una postura de «silencio prudente», las evidencias recogidas por peritos de la Fiscalía colombiana cuentan otra historia. En los sitios del impacto, se han localizado fragmentos metálicos y cráteres con características propias de munición dirigida y bombas de alta precisión, descartando que se trate de accidentes por materiales inflamables.

Tras su reciente reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, el presidente Petro lanzó una advertencia desesperada a los campesinos cocaleros de la región de Nariño: “Sustituyan los cultivos antes de que nos calcinen con drones”.

Aunque Petro no acusó directamente a Washington, sus palabras confirman que en la frontera con Ecuador hay decenas de muertos, muchos de ellos víctimas civiles, mujeres y posiblemente niños que se encontraban en las cercanías de las rudimentarias «ramadas» de procesamiento de droga.

El rompecabezas geopolítico parece encajar perfectamente:

  • Base de Manta: En diciembre, personal de la Fuerza Aérea de EE. UU. arribó a la base de Manta, en Ecuador, bajo el pretexto de una «operación temporal».
  • El aliado de Trump: Daniel Noboa, presidente de Ecuador, ha endurecido su postura contra Colombia y ha permitido el despliegue de militares estadounidenses para «atacar la frontera».
  • Ataques sistemáticos: Analistas de seguridad sugieren que los drones parten desde suelo ecuatoriano para atacar objetivos en municipios como Tumaco y Putumayo, violando la soberanía colombiana y el Derecho Internacional Humanitario.

Camilo González Posso, presidente de Indepaz, calificó estos actos como una violación a todo principio de humanidad. «Son campesinos asalariados, gente inerme que no puede ser considerada un objetivo militar. En Colombia no existe la pena de muerte», denunció.

Hasta el momento, ni el Pentágono ni el gobierno de Ecuador han reivindicado estos bombardeos. Sin embargo, la precisión de los ataques tras la reciente «extracción» de Nicolás Maduro de Venezuela hace que las amenazas de Trump de atacar laboratorios en terreno se vuelvan una realidad sangrienta para el sur del continente.

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