Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 10 de marzo del 2026.- La Cámara de Diputados se va a jugar un partido que dura ocho años. No es cualquier cosa la elección del titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Para los que no hablan «político-español», se eligirá al encargado de revisar que el dinero de tus impuestos no termine en la alberca de un funcionario o en empresas «fantasma».

Lo que asusta no es la elección, sino el historial de quien deja la silla o de quien pretenda heredarla. En los últimos años, a la Auditoría le «cortaron las uñas». ¿Cómo? Muy fácil: borraron cerca de 200 auditorías que ya estaban programadas. Es como si el inspector de salud llegara al restaurante más sucio de la ciudad y dijera: «Ay, hoy no tengo ganas de revisar la cocina, mejor pásenme el postre».

Pero eso no es todo. También eliminaron los consejos que vigilaban al Auditor. Ahora, el «Mero Mero» se manda solo. Y mientras tanto, miles de millones de pesos en observaciones (o sea, dinero que no cuadra) están ahí, empolvándose en los cajones de San Lázaro, esperando a que pase el tiempo y el delito prescriba. En México, la justicia para los de arriba tiene fecha de caducidad; si esperas lo suficiente, el pecado se perdona por default.

La pregunta para los diputados, incluidos los de Chihuahua, es simple: ¿Quieren un perro guardián que muerda o un peluche de adorno en la repisa del poder? Elegir a alguien por «amistad» o por «cuota política» es darle permiso a la corrupción para que siga de fiesta hasta el 2034. Porque ocho años son suficientes para que una generación entera se quede sin medicinas o sin carreteras dignas mientras el dinero se esfuma en el laberinto de la burocracia dorada.

¿Y a nosotros en Chihuahua qué nos importa? Mucho. De ese «guardián» depende que el dinero federal que llega a nuestro estado para baches, seguridad y hospitales realmente se use en eso. Si el Auditor es un «agachón», las transas locales pasan de noche. Chihuahua ha sido ejemplo nacional de cómo la corrupción puede hundir a un estado, y no estamos para aguantar otros ocho años de ojos cerrados en la capital del país.