Por: Estela Malka Ben-Ami.

Tenerife, España., a 10 de mayo del 2026.-  El imponente crucero MV Hondius ya no es un símbolo de placer y avistamiento de aves, sino una cápsula de acero que resguarda uno de los desafíos sanitarios más complejos desde el 2020. Tras semanas de incertidumbre y la pérdida de tres vidas a bordo, la embarcación ha fondeado en aguas canarias, bajo un perímetro de seguridad de una milla náutica que recuerda más a una zona de guerra que a un puerto turístico.

La misión es crítica de evacuar a más de 100 pasajeros atrapados por un brote de hantavirus, una cepa andina cuya rareza y letalidad han puesto en alerta a 23 países en una operación coordinada que la ministra de Sanidad española, Mónica García, ha calificado como «sin precedentes».

A pesar de que el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se encuentra en el sitio supervisando las carpas de recepción y los equipos de respuesta ante desastres, la calma es frágil. En las calles de Santa Cruz, el sentimiento es ambivalente. «El trauma del COVID sigue en nuestra mente», reconoció el propio Tedros, intentando apaciguar el nerviosismo de una población que mira con recelo cómo el puerto industrial se convierte en el epicentro de una cuarentena internacional.

La logística es milimétrica:

  • Evacuación por nacionalidades: Pequeñas embarcaciones trasladarán a los pasajeros a la costa para ser enviados directamente a pistas de aterrizaje donde aviones fletados por EE. UU., Reino Unido y la UE esperan con motores encendidos.
  • Cuarentena militar: Los ciudadanos españoles no irán a sus casas; serán trasladados al hospital militar Gómez Ulla en Madrid bajo un aislamiento estricto que podría durar hasta nueve semanas, el periodo de incubación del virus.

El origen de la tragedia se rastrea hasta un vertedero en el extremo sur de Argentina, un destino predilecto para observadores de aves donde el virus, transportado por roedores, saltó a los pasajeros. Aunque la transmisión entre humanos es inusual, la virulencia de esta cepa andina ha obligado a los especialistas en cuidados intensivos del hospital de Candelaria a prepararse para lo peor.

«Estamos absolutamente preparados», asegura la doctora Mar Martín, jefa de cuidados intensivos, rodeada de trajes de protección y respiradores. Sin embargo, para los 30 tripulantes que permanecerán a bordo para llevar el barco de regreso a los Países Bajos, el túnel aún es largo y oscuro.

Hoy, mientras el Hondius se balancea silencioso frente a la costa de Tenerife, el mundo observa no solo una operación de rescate, sino un test de estrés para la arquitectura sanitaria global. La pregunta en el aire no es si pueden contener el virus, sino si la sociedad está lista para confiar en los protocolos tras las cicatrices que dejó la última pandemia.