El mandatario anuncia un despliegue de efectivos de la Guardia Nacional en la región del sureste mexicano donde los cárteles de Sinaloa y Jalisco (CJNG) sostienen una guerra por el negocio de las drogas
El mandatario anuncia un despliegue de efectivos de la Guardia Nacional en la región del sureste mexicano donde los cárteles de Sinaloa y Jalisco (CJNG) sostienen una guerra por el negocio de las drogas

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha llevado al plano de la guerra discursiva las recientes muestras de la crisis que atraviesa a Chiapas, en el sureste mexicano, puerta de acceso de Centroamérica y cuna del movimiento zapatista. El mandatario ha reconocido que en ese Estado, sí, se libra una lucha entre grupos del crimen organizado; no los ha mencionado por su nombre, pero todos los indicios apuntan a una disputa entre los cárteles de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación (CJNG), los más poderosos y sanguinarios de México. López Obrador ha asegurado, sin embargo, que es mayor la propaganda en torno a la guerra criminal que el dominio real de los narcos; que los voceros de la derecha magnifican el asunto.

“Le vamos a dar respuesta a lo que ha difundido mucho la derecha, el bloque conservador, que es un fenómeno, porque se trata de cómo se extiende una noticia y sobre todo la reproducen quienes están en contra de la transformación, los conservadores”, ha dicho López Obrador este lunes en su conferencia.

Este fin de semana una imagen sacudió a la prensa: una caravana de autos con hombres fuertemente armados pasando en fila por una carretera entre pobladores que les aplaudían y les agradecían. Los hombres eran, al parecer, del Cártel de Sinaloa y llegaban a Frontera Comalapa, como suelen decir sucesivamente los narcos, a liberar a la gente del yugo de los contras, el CJNG. Lo más desconcertante del video no era tanto la demostración de la fuerza armada como de respaldo social.

No es muy claro si los pobladores salieron voluntariamente a dar su apoyo a los criminales o si fueron forzados a hacerlo, según han señalado algunos periodistas en redes sociales. López Obrador ha señalado este lunes que los delincuentes —“que son muy buenos para la propaganda”— sacaron el video con la intención de mostrar “a gente aparentemente recibiéndolos”. “Y sí pueden ser bases de apoyo, que hay en algunas partes del país, porque les entregan despensas o por miedo, porque los amenazan, pero no es un asunto general, es un asunto muy limitado a una región y ya se está atendiendo, ya está la Guardia Nacional”, ha afirmado.

A pesar del intento del presidente para restar importancia a las imágenes, la situación en el Estado es límite, avisan desde hace tiempo los expertos que monitorean la región. Las costuras llevan meses tensándose y están a punto de saltar. Cada semana, Chiapas ocupa las páginas de la prensa nacional y local con nuevos sucesos: piezas sueltas que en conjunto conforman un puzle complejo, un mosaico de violencias de distinto color y signo: crimen organizado, masacres, feminicidios, secuestros, violencia sexual, desapariciones, desplazamientos, reclutamiento forzado, militarización, paramilitarismo, autodefensas, guerrilleros… Los últimos 30 años han sido testigos de un conflicto armado latente que no hace más que agudizarse con la entrada en escena del Cártel de Sinaloa, el CJNG y distintas mafias locales y regionales que se disputan el control de la zona.

La frontera con Guatemala es porosa y tres rutas para el narcotráfico surgen de ella a través de la selva Lacandona, Frontera Comalapa y la costa del Pacífico. Además, los nuevos megaproyectos como el Tren Maya, el turismo, la explotación de recursos naturales y la especulación inmobiliaria hacen que la región cada vez sea más fértil para el brote de negocios ilícitos y mafias. El resultado, señalan los expertos, es la destrucción del tejido social, y especialmente su impacto sobre las mujeres y las comunidades indígenas. El Gobierno guatemalteco ha anunciado también el despliegue de tropas en el borde con México para “prestar la seguridad que necesita nuestra población ante las amenazas que han recibido por parte de cárteles mexicanos, que hoy en día están operando en el área de Motozintla, Chiapas”.

Aunque las autoridades no han confirmado que el grupo armado que desfila en las imágenes del fin de semana sea el Cártel de Sinaloa, las pruebas de su penetración en la zona son abundantes. El 6 de septiembre, un comando irrumpió en la comunidad de Nueva Palestina, en la selva Lacandona, asaltó a la policía rural y retó a las autoridades rodeando la casa del comisario. Dejó tras de sí un mensaje: “A partir de ahora tomamos el control del pueblo y la región”. Eran miembros del Cártel de Sinaloa, sicarios de Ismael El Mayo Zambada, aseguraron los vecinos en una carta pública que enviaron a López Obrador solicitando una intervención militar.

El presidente ha hecho referencia esta mañana a la disputa por la frontera sur, sin mencionar a los grupos criminales que la protagonizan, y ha asegurado que el problema no es tan grave como lo pintan en términos de homicidios. “Resulta que en la frontera con Guatemala, en Chiapas, […] hay grupos de delincuencia organizada que presuntamente se están disputando el territorio para tener espacios, para guardar droga que entra de Centroamérica, para tener control de ese territorio. Y se enfrentan. Afortunadamente, no ha habido muchos asesinatos en Chiapas en general, y es ahí donde últimamente ha habido estos enfrentamientos, pero ha habido mucha propaganda”, ha vuelto a decir.

La Iglesia y los maestros alzan la voz

Los gritos de alerta sobre la crisis de violencia en Chiapas están llegando desde numerosos sectores de la sociedad. A la llamada de auxilio no solo se han sumado organizaciones de derechos humanos, oenegés o el zapatismo. La Iglesia Católica ha alzado la voz también contra la vorágine armada. En un comunicado de tono desesperado, alto voltaje y fuerte carga crítica, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas ha sostenido:

“Como iglesia diocesana y sociedad civil se ha denunciado permanentemente la crisis social, la represión y la presencia de grupos criminales, sin embargo, no ha habido respuesta para los pueblos, el silencio de las autoridades pone en riesgo la integridad humana y nos demuestra un estado fallido y rebasado y/o coludido con los grupos delincuenciales, desde los fiscales municipales y regionales, presidentes municipales, el gobierno del estado y federal [sic]”.

El conflicto se extiende y está alcanzando todos los sectores de la sociedad. Los cortes de carreteras son las muestras más obvias y mediáticas, pero las implicaciones alcanzan también la sanidad, la alimentación o la educación. De acuerdo con la prensa local, el 15 de septiembre, unos 5.000 maestros de la región de la Sierra Madre anunciaron que suspendían su actividad “ante la situación de inseguridad”: “Tenemos la necesidad y la obligación de manifestarnos ante la situación crítica y ola de violencia que está sucediendo en nuestra región”, difundieron en un comunicado.

López Obrador ha dado a conocer que, luego de la llegada de la caravana criminal este fin de semana, los hombres armados cortaron la luz a las poblaciones. Ha afirmado que se darán garantías a los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad con la Guardia Nacional para que restablezcan el servicio.

López Obrador ha pedido a la gente paciencia para la intervención del Gobierno, pero también que no se deje presionar por los grupos criminales. “Estamos trabajando en beneficio de la gente, es donde se aplican más los programas de bienestar. Por eso les envío un saludo, y al mismo tiempo, el llamado para que no caigan en actos ilegales, que no se dejen someter, que no los enganchen, sobre todos los jóvenes, y que ya ordené que haya más presencia de la Guardia Nacional en toda esa región y que vamos a seguir ayudando”, ha asegurado.

El mandatario ha mencionado algunos nombres de los analistas críticos de su Gobierno y los ha acusado de voceros del crimen. “Ni siquiera conocen Frontera Comalapa ni Motozintla, pero así, en nado sincronizado, como si dominara el narco en todo Chiapas y en todo México. Esto tiene que ver mucho con el poco contenido que tienen para atacarnos, entonces cualquier cosa la vuelven viral”, ha dicho.

López Obrador ha anticipado que la lucha mediática entre los dos polos políticos, su movimiento y los conservadores, va a continuar, más ahora, en la antesala de las elecciones presidenciales y legislativas de 2024: “Vamos a tener que estar respondiendo, porque es toda una red, no solo de bots, sino de los partidarios del conservadorismo que actúan en las redes y reproducen estos mensajes”, ha avisado.

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