Por: La Redacción.

Miami, EUA., a 8 de septiembre del 2026.-  El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, emprendió una gira regional por tres naciones latinoamericanas con el propósito de fortalecer lazos con los nuevos gobiernos conservadores alineados con Washington. El periplo diplomático busca blindar las prioridades estadounidenses en materia de seguridad fronteriza, combate al narcotráfico y expansión de la influencia energética hemisférica.

La visita se enmarca en un contexto de reconfiguración geopolítica regional tras el viraje político en varios países y las recientes operaciones militares ejecutadas por Washington en el Caribe y el Pacífico oriental contra el tráfico ilícito, las cuales han generado intensos debates sobre los límites de la soberanía y el uso de la fuerza.

Ejes geopolíticos de la gira

La parada principal incluye un encuentro con el presidente Abelardo de la Espriella en Barranquilla, marcando un viraje radical frente a la administración previa de Gustavo Petro. Con una agenda de línea dura contra el narcotráfico y la migración —que incluye la adhesión a la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C)—, el nuevo gobierno colombiano ha retomado operaciones militares de alto impacto, aunque con cuestionamientos internos tras reportarse bajas de menores y polémicas exhibiciones de presuntos delincuentes abatidos. En el marco de la visita, se prevé la firma de acuerdos sobre cooperación nuclear civil y minerales críticos.

La ofensiva diplomática de Washington ocurre apenas una semana después de concretar un acuerdo petrolero enfocado en los yacimientos venezolanos —tras la intervención militar de enero que removió del poder a Nicolás Maduro—, los cuales, según justificó Rubio, buscan ser alejados de la influencia de potencias rivales como China, Rusia e Irán.

La ruta contempla escalas con el presidente Daniel Noboa en Ecuador, país que ha estrechado su cooperación militar antinarcóticos con el Pentágono (evidenciado en recientes interceptaciones marítimas conjuntas), y concluirá en Perú con la recién asumida mandataria Keiko Fujimori, consolidando el bloque de gobiernos derechistas en la costa del Pacífico sudamericano.

Desde una perspectiva analítica, la gira de Rubio evidencia la estrategia de la Casa Blanca para institucionalizar un nuevo eje de seguridad regional bajo la tutela directa de Washington, capitalizando la llegada al poder de liderazgos de derecha partidarios de la mano dura. No obstante, la intensificación de las operaciones navales extraterritoriales y el enfoque punitivo en materia migratoria y de defensa reavivan los temores históricos sobre la subordinación de la soberanía nacional latinoamericana a los intereses geoestratégicos y energéticos de Estados Unidos.