
Por: Estela Malka Ben-amí
Ciudad de México., a 7 de abril del 2026.- El fútbol ha muerto, que viva el lujo. La FIFA ha decidido que el Mundial de 2026 no será recordado por los goles, sino por ser el evento que consolidó el «apartheid económico» en el deporte. Según los datos de la primera venta abierta, ver la final en el MetLife Stadium podría costar la estratosférica cifra de 10,990 dólares (casi 185 mil pesos mexicanos) por un solo asiento.
Lo que en el dossier de candidatura de México, EE. UU. y Canadá se prometió como un acceso máximo de 1,550 dólares, resultó ser una mentira de dimensiones mundialistas. Hoy, el boleto más caro ha subido un 600% respecto a la promesa inicial. Gianni Infantino y su equipo no solo están aplicando precios dinámicos; están aplicando una «traición monumental» a la base que sostiene este deporte.
Bajo la modalidad de precios dinámicos —esa estrategia donde el costo sube según el hambre de la demanda—, la FIFA ha convertido la taquilla en una bolsa de valores. Los incrementos no tienen piedad: en solo meses, las categorías 2 y 3 subieron casi un 40%.
Para ponerlo en perspectiva: un asiento de primera categoría para la final de Qatar costó 1,604 dólares. Para 2026, ese mismo lugar se ha multiplicado por seis. ¿El resultado? Una final diseñada exclusivamente para multimillonarios y corporativos, dejando al aficionado que ahorra durante cuatro años viendo el partido desde la banqueta.
El fanatismo mexicano tampoco se salva del colmillo de la FIFA. El partido inaugural en el Estadio Azteca entre México y Sudáfrica se perfila como el encuentro de fase de grupos más costoso: 2,985 dólares por entrada. Quien quiera ver el primer grito de gol en territorio nacional tendrá que desembolsar lo que cuesta un auto usado de modelo reciente.
La experiencia de compra no fue mejor que los precios. Miles de aficionados reportaron errores técnicos que los mandaron al final de colas virtuales de seis horas, solo para descubrir que los boletos «baratos» de 60 dólares eran un mito urbano.
Y por si fuera poco, la falta de sensibilidad humana se hizo presente: la FIFA está cobrando precio completo por las entradas de acompañantes para personas en silla de ruedas, sin garantizar siquiera que se sienten juntos.
El Mundial de 2026 ya tiene un ganador antes de que ruede el balón: la tesorería de la FIFA. Para el resto de los mortales, el «Mundial de la gente» se ha transformado en el Mundial de los yates, las suites de lujo de 124 mil dólares y el adiós definitivo a la pasión popular.






