Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Ciudad Juárez, Chih., a 31 de agosto del 2026.- Durante la conferencia de prensa semanal encabezada por el alcalde Héctor Rafael Ortiz Orpinel, el secretario de Seguridad Pública Municipal (SSPM), César Omar Muñoz Morales, presentó un balance sumamente optimista sobre la seguridad en la demarcación, destacando una reducción acumulada del 64% en homicidios dolosos si se compara el periodo de 2020 con las cifras proyectadas para este 2026.

Respaldado por el uso de herramientas tecnológicas como la plataforma «Juárez Vigilante», el gobierno municipal atribuyó estos resultados a una mayor presencia operativa y a una transición de un modelo policial reactivo a uno de carácter preventivo.

Según los datos oficiales expuestos por la corporación, el delito de robo de vehículos también registra una caída del 57% frente a 2020 y del 34% en comparación con el año anterior.

Asimismo, el balance mensual de agosto reporta el aseguramiento de 30 armas de fuego (27 cortas y 3 largas), la incautación de 19 kilogramos y más de 10 mil dosis de droga, además de la ejecución de 152 órdenes de aprehensión.

Sin embargo, un análisis crítico de las cifras oficiales revela los límites del triunfalismo institucional. Si bien los porcentajes acumulados a lo largo de un sexenio muestran una contención frente a los años más violentos de la frontera, reducir el fenómeno de la seguridad pública a una narrativa de «marcador a la baja» ignora que Ciudad Juárez se mantiene históricamente como una de las ciudades con mayor complejidad delictiva del país.

Mientras el alcalde reconoció cautamente que «aun no se puede cantar victoria», el peso de los indicadores globales sigue chocando con la percepción cotidiana de inseguridad y la persistencia de economías criminales arraigadas en la región. La dependencia de sistemas de videovigilancia y detenciones fragmentadas de narcomenudeo o portación de armas reflejan los efectos de contención operativa, pero pocas veces logran desmantelar las estructuras financieras y operativas del crimen organizado que continúan operando en el tejido social fronterizo.

El verdadero reto para la administración municipal no radica en sostener la narrativa de los números favorables en las conferencias semanales, sino en consolidar instituciones civiles capaces de garantizar una paz duradera que trascienda la estadística coyuntural de los mandos en turno.