
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 19 de septiembre del 2026.- La respuesta de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, a la carta enviada por la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, dejó en claro los límites de la relación institucional frente a la escalada de confrontación política impulsada desde el panismo chihuahuense a Palacio Nacional.
Lejos de aceptar la invitación para acudir a conocer la emblemática y cuestionada Torre Centinela, la titular del Ejecutivo federal optó por desviar la petición y canalizar a la mandataria estatal directamente con la Secretaría de Gobernación (Segob) en la Ciudad de México, evidenciando que el dispendio discursivo y los agravios políticos tienen costos en la mesa de diálogo.
«Eso no quiere decir que no nos veamos, ¿verdad? Entonces nos vamos a ver en el aeropuerto, ahí donde vamos a llegar, y después pues ya me dirigiré al evento… en Ciudad Juárez», expresó durante la mañanera la presidenta, garantizando que el canal de coordinación operativa se mantendrá activo a pesar de los diferendos políticos e históricos recientes.
El rechazo tácito al tour por la Torre Centinela se da en un escenario donde el gobierno estatal y la dirigencia del Partido Acción Nacional (PAN) en la entidad han apostado por la polarización sistemática.
Mientras la dirigente estatal panista, Daniela Álvarez Hernández, encabeza una costosa campaña de espectaculares para golpear a la administración federal, desde los círculos del poder local se ha recurrido a infundios recurrentes, etiquetando a Morena como un «narcopartido» y un «partido de la muerte» lo que ha derivado una cascada de acusaciones y resoluciones por parte del Instituto Nacional Electoral, recrudeciendo las confrontaciones y señalamientos.
A esta ofensiva mediática y partidista se sumó el reciente desaire institucional protagonizado por María Eugenia Campos Galván, quien optó por ausentarse al 2do informe de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la Ciudad de México, prefiriendo el aislamiento político antes que la coincidencia institucional.
La actitud de estira y afloja por parte del Ejecutivo estatal contrasta fuertemente con la crisis de seguridad que padece la entidad. Chihuahua se mantiene como uno de los estados donde las administraciones locales han sido incapaces de frenar los índices de violencia y los homicidios dolosos, un problema estructural que las autoridades estatales han intentado maquillar con apuestas tecnológicas centralizadas como la propia Torre Centinela.
Aunado a esto, las tensiones entre la Federación y el estado no son menores; el punto de quiebre más álgido reciente se consolidó tras los diferendos derivados de la participación de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en operativos de seguridad dentro del territorio chihuahuense, situación que incluso motivó una investigación formal de la Fiscalía General de la República (FGR) por vulneración a la soberanía, investigación que aún continua vigente.
Ante la solicitud formal de reuniones planteada por Campos Galván —difundida mediáticamente de manera unilateral a través de distintos medios de comunicación—, Sheinbaum Pardo marcó la cancha. Al señalar que su agenda en la entidad concluirá con un traslado inmediato hacia Baja California, por lo que la presidenta descartó mesas de trabajo a la medida de la gobernadora en territorio chihuahuense.
El único punto de contacto será un saludo protocolario a su llegada al aeropuerto, previo a su traslado al evento oficial en Ciudad Juárez. Con esta postura, la Federación ratifica que, aunque la coordinación institucional no se rompe, el chantaje político y los desplantes electorales ya no tienen cabida en la nueva relación con los estados principalmente con Chihuahua.






