
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Hidalgo del Parral, Chih., a 22 de mayo del 2026.- La mañana del martes, el cielo sobre el municipio de San Francisco del Oro no presagiaba la tormenta que estaba por desatarse en tierra. La aeropista «El Frisco», un punto estratégico que sirve de conexión entre la zona de Parral y la Sierra, fue el escenario de una emboscada que parecía sacada de una película de terror, pero que dejó un saldo real y devastador.
El ruido de los motores de dos aeronaves tipo Cessna 206 —una blanca con gris y otra blanca con negro— rompió el silencio habitual del aeródromo. Eran Fidel Jovany L.O. y Jorge Armando L.R., ambos originarios de Culiacán, Sinaloa, quienes aterrizaban en la región. Según los primeros indicios, no eran viajeros casuales; alguien los esperaba.
No habían pasado ni unos minutos desde que las llantas tocaron la tierra cuando la rutina se quebró. Sujetos armados, que ya tenían el terreno dominado, surgieron de la nada. No hubo palabras, ni intentos de negociación. El sonido de los motores fue reemplazado por la estridencia de los fusiles de asalto calibre 7.62×39, los famosos «cuernos de chivo», que dispararon una ráfaga que selló el destino de los dos pilotos.
Cuando las autoridades llegaron, el panorama era desolador: las avionetas, aún calientes por el vuelo, estaban estacionadas cerca de una pista que se convirtió en un embudo de muerte. Los atacantes, con la frialdad de quienes conocen bien el terreno y las rutas de escape, ya habían desaparecido entre los caminos de terracería que llevan hacia la Sierra, dejando atrás solo el rastro de casquillos percutidos y dos vidas arrebatadas.
El personal de la Agencia Estatal de Investigación y los peritos del Semefo comenzaron a trabajar bajo un sol implacable, marcando cada indicio, levantando cada prueba. El hermetismo de la Fiscalía de Distrito Zona Sur es total, pero la pregunta flota en el aire de todo el estado: ¿Qué traían en esas avionetas? ¿A qué venían a una zona tan caliente del mapa?
Este ataque no es un incidente aislado; es un síntoma, la vulnerabilidad de las zonas rurales en la región serrana vuelve a quedar en evidencia, pues el crimen organizado ha convertido estos puntos de aterrizaje en piezas clave de su tablero, y este doble homicidio es un recordatorio brutal de que en esta parte de Chihuahua, la vida puede terminarse justo después de aterrizar.
Mientras los cuerpos de Fidel y Jorge Armando son entregados a la necropsia de ley, las familias en Sinaloa esperan, y los habitantes de la región se preguntan quién será el siguiente en cruzar un cielo que, cada vez más, se siente controlado por quienes mandan en tierra.






