Por: La Redacción.

Tapalpa, Jal., a 26 de febrero del 2026.-  El operativo militar que culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», no ocurrió en un lugar improvisado. El corazón boscoso de Tapalpa, famoso por su turismo de élite, funcionaba desde hace una década como un nodo estratégico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), donde el lujo de las cabañas servía para ocultar el rastro de millones de dólares.

Desde 2015, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos le puso el ojo a este destino. No eran simples alojamientos rurales; complejos como “Las Flores Cabañas” y “Cabañas La Loma” fueron boletinados como entidades financieras ligadas a Los Cuinis, el brazo financiero del cártel.

Según documentos del Departamento del Tesoro, estos sitios tenían un doble propósito:

  1. Lavado de Dinero: Mezclar recursos del narcotráfico con ingresos por turismo y rentas inmobiliarias.
  2. Refugio Estratégico: Servir de zona de seguridad para la cúpula del cártel, incluyendo al propio Oseguera Cervantes.

La importancia de estas cabañas quedó sellada en el juicio contra Jessica Johanna Oseguera González, hija del capo. En 2020, la justicia federal en Washington D.C. la acusó formalmente de administrar estos negocios sancionados, demostrando que el control de Tapalpa era un asunto estrictamente familiar y de altísimo nivel jerárquico.

La muerte de «El Mencho» en este sector no es una coincidencia, es el fin de una era donde los destinos turísticos más exclusivos de México se convirtieron en las cajas fuertes de los cárteles.

Tapalpa hoy no solo es noticia por sus paisajes, sino por ser el ejemplo perfecto de cómo el dinero sucio se infiltra en la economía legal ante la mirada, a veces miope y otras cómplice, de las autoridades locales. La «hospitalidad rural» resultó ser una fachada de muerte.