
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 29 de mayo del 2026.- Lo que comenzó como un intercambio de acusaciones sobre fotografías institucionales, ha escalado rápidamente hacia un cuestionamiento estructural sobre la legitimidad, los vínculos criminales y la desconexión geográfica de la administración de la gobernadora María Eugenia Campos Galván y donde en el centro de esta tormenta, el senador Juan Carlos Loera De la Rosa lanzó una andanada de señalamientos que, más allá de la retórica electoral, apuntan a las venas abiertas de la narcopolítica en Chihuahua, donde en palabras del propio senador morenista, las manos del poder en este caso del PRIA parecen seguir “manchadas por la sangre” de un pasado que se resiste a morir.
Al cuestionar la integridad de la gobernadora, Loera De la Rosa desenterró los fantasmas que el panismo chihuahuense hubiera preferido mantener bajo llave uno de ellos fue la mención del caso de Miroslava Breach Velducea, la corresponsal de La Jornada cuyo asesinato conmocionó al gremio periodístico nacional, funciona como un recordatorio brutal de la colusión entre poder político y grupos criminales.
La referencia a Hugo Schultz, el exalcalde panista de Chínipas cuya sentencia por participar en el homicidio de Breach Velducea sigue siendo una herida abierta y no es un dato menor; es el eje que Loera De la Rosa utilizó para desmantelar la narrativa oficial de «combate al crimen organizado» y por lo tanto la “narcopolítica” que promueve el Gobierno del Estado. La premisa del senador es clara: el panismo no es ajeno al fenómeno que ahora pretende combatir, sino un actor histórico dentro del mismo.
Loera De la Rosa arrojó luz sobre una dicotomía profunda en la gobernanza de Campos Galván: la preferencia por las relaciones transnacionales frente a la gobernanza local. Mientras la gobernadora cultiva alianzas con figuras de la ultraderecha internacional y altos cargos en Texas, el senador señala una ausencia deliberada en los territorios más golpeados por la violencia y el olvido.
Para Loera De la Rosa esta «gira artística» por las capitales del poder mundial —desde Miami hasta París—, financiada con presupuestos públicos cuestionados por su opacidad, revela una administración que ha renunciado a la labor territorial en favor de la construcción de una imagen pública global. La pregunta que subyace es si un gobierno que ignora los rincones más empobrecidos de su sierra, puede realmente garantizar la seguridad y el desarrollo de sus ciudadanos.
Pero Loera De la Rosa no solo ha lanzado ataques; ha puesto sobre la mesa una tesis difícil de ignorar: la narcopolítica en Chihuahua no es un fenómeno reciente, ni exclusivo de una sola fuerza partidista. Al vincular a legisladores como Noel Chávez y Arturo Medina Aguirre con el pasado de violencia en municipios como Guadalupe y Calvo y Balleza, el senador sugiere que el tejido criminal está profundamente entrelazado con las estructuras de poder que sostienen al actual régimen.
La detención de Vladimir Romero, figura cercana al círculo de confianza del alcalde panista Jesús Valenciano, por cargos de narcotráfico en Florida, añade un elemento de presión internacional que complica la defensa del panismo estatal. Estos hechos no solo desafían la narrativa de «limpieza» de la actual administración, sino que exigen una explicación sobre el origen y la permanencia de estas redes delictivas.
Finalmente, el senador Loera De la Rosa ha calificado la estrategia de la gobernadora como una cortina de humo, diseñada para desviar la atención de los señalamientos legales que pesan sobre ella por presuntos actos de corrupción, en donde la soberanía ha sido cuestionada por denuncias de traición y manejo ilegal de fondos públicos, así como la intromisión de la CIA en Chihuahua.






