
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 30 de agosto del 2026.— Vivimos en la era de la autoimportancia digital, un tiempo en el que cualquier ciudadano, armado únicamente con un teléfono inteligente y una sobredosis de optimismo digital, es capaz de convertir la preparación de un café, el orden de una alacena o el trayecto al trabajo en una epopeya cotidiana, esperando que el mundo se detenga a aplaudir un hito que no le importa a nadie más.
Este impulso desaforado por narrar la nada responde a las reglas de un sistema económico que no premia el mérito, la profundidad ni la complejidad, sino la retención de la atención. Las redes sociales operan como un gigantesco espejo distorsionado que convence a las masas de que la mera visibilidad equivale a la relevancia social. En este ecosistema, el anonimato duele más que el vacío, y la tentación de sentirse el protagonista de una película colectiva empuja a miles a performar una existencia idílica, donde lo verdaderamente relevante brilla por su ausencia.
El problema no es que la gente común comparta fragmentos de su día a día, sino la pérdida absoluta de escala a la que nos ha arrastrado el algoritmo. Hemos confundido la popularidad digital con la trascendencia. Mientras las verdaderas trincheras de la sociedad —el periodismo de investigación que incomoda al poder, la creación literaria, la dirección de proyectos complejos y el sostenimiento invisible de los cuidados más demandantes— se forjan en el silencio, el desgaste y el rigor intelectual, el ruido de la superficialidad ocupa todo el espacio público.
La verdadera autoridad y el impacto real rara vez son telegénicos ni caben en un video de un minuto. Quizá el gran síntoma de nuestra época no sea el deseo de comunicar, sino la alarmante incapacidad colectiva de distinguir entre el estruendo del ego y la sustancia del esfuerzo real. Al final, nos estamos volviendo expertos en consumir destellos de nada, aplaudiendo con fervor estéril a quienes, carentes de obra, se conforman con ser las efímeras estrellas de un firmamento de plástico.






