TIJUANA, Baja California.- El 23 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio llegó a Tijuana sin sospechar que ese día tendría un encuentro fatídico con la muerte. Su discurso inicial, «Yo veo un México con hambre, con sed de justicia, un México de gente agraviada», resonaría en todo el país marcando el inicio del declive de su partido. Colosio fue emboscado en Lomas Taurinas por dos tiradores, silenciando así sus fuertes mensajes contra el narcotráfico.

A pesar de que las autoridades afirmaron que el único tirador fue Mario Aburto, la versión de un solo atacante fue cuestionada por varios especialistas, entre ellos Dora Elena Cortes Juárez, una periodista destacada de Baja California. En el momento del atentado, ella era corresponsal de El Universal y fue la primera en informar sobre el crimen a nivel nacional e internacional.

Cortes Juárez sostiene que la versión oficial de que Colosio giró como un trompo al recibir el disparo en la cabeza, justificando así que una bala entró por un lado de la cabeza y la otra al otro costado del cuerpo, carece de lógica. Según su testimonio, esta explicación fue una forma forzada de justificar un único tirador cuando, en realidad, debería haber habido dos.

En sus investigaciones, la periodista también revela la declaración de una doctora que estuvo presente en el quirófano donde llevaron a Colosio. La doctora afirmó en una entrevista de radio que el candidato recibió impactos de bala de diferentes calibres, lo cual fue corroborado por otros médicos que estaban atendiéndolo. Sin embargo, tras la publicación de esta declaración, la doctora fue presionada y le prohibieron hacer más comentarios sobre el tema.

Dora Elena Cortes y Manuel Cordero, también corresponsal de El Universal, llevaron a cabo una exhaustiva investigación del crimen, plasmada en el libro «Complot», cuya venta fue prohibida. Sus hallazgos periodísticos confirman que Luis Donaldo Colosio Murrieta fue impactado por dos balas, desafiando la versión oficial de un solo tirador.

El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI ordenó que se redujera al mínimo la seguridad en el evento de Colosio. En esa jornada, los priístas locales expresaron su descontento con la elección de Lomas Taurinas como lugar para el evento, ya que era y sigue siendo un barrio pobre y violento, careciendo de las medidas mínimas de seguridad.

La incertidumbre prevalecía entre la gente ese día, anticipando que podrían atentar contra Colosio, dado que el lugar no era apropiado para un acto político de un candidato presidencial.

No obstante, el Comité Nacional del PRI ordenó que no se enviara policía al evento, aparentemente porque Colosio no deseaba dañar su imagen de hombre del pueblo con un excesivo despliegue de seguridad.

En el lugar, alrededor de cinco mil personas se aglomeraban en calles estrechas, rodeadas por cerros habitados por personas de escasos recursos.

Colosio descendió de su automóvil en compañía del presidente del PRI de Tijuana y comenzó a caminar por las polvorientas calles de Lomas Taurinas, siendo tocado por la gente que quería estar cerca de él y presentarle personalmente sus peticiones.

Othón Cortés, su chofer, afirmó en varias ocasiones que Colosio era una persona sencilla, le gustaba interactuar con la gente y ese día decidió romper con el protocolo de seguridad. Se bajó del vehículo en el que iba con el líder del PRI de Tijuana y se mezcló con la multitud, caminando entre la gente.

«Quiero representar un gobierno que sea sensible a las demandas de las comunidades; un gobierno responsable es el que escucha y atiende el reclamo popular. Aquí en Tijuana, como en Baja California, vamos a ganar porque nos estamos preparando», expresó Colosio Murrieta en Lomas Taurinas.

Abriéndose paso entre la multitud, dejando atrás a su equipo de seguridad, Colosio se sumergió en un contacto directo con la gente.

Desde una posición estratégica, un policía de la Judicial Federal capturó las únicas imágenes del atentado, cuyo video estuvo clasificado hasta el 2035 por la PGR. Este material fue desclasificado el 6 de diciembre de 2018, revelando el mismo video que se conocía tras el atentado, a petición del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), solicitando a la PGR «buscar y hacer pública» toda la información sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

Colosio murió instantaneamente, pero dijero que había muerto en el hospital

Eran las 7:11 horas en la Ciudad de México, las 5:11 en Tijuana.

En el video se observa cómo de la nada, surge la mano de un hombre que le dispara en la cabeza del lado derecho, detrás de la oreja.

Inmediatamente cae al suelo con la cabeza cubierta de sangre. El caos se apodera de la gente que está a su alrededor. Sus guardias lo cargan y lo suben a un carro, que más adelante choca. Lo sacan y lo pasan a una ambulancia.

En el video desclasificado no se escucha la segunda detonación de esa bala que recorre su abdomen de izquierda a derecha, en dirección opuesta a la primera.

O sea, al mismo tiempo recibe dos impactos: uno en la cabeza de lado derecho y otro en el tórax del lado izquierdo.

Los orificios de entrada presentan tamaños distintos.

El del cráneo era de 11 milímetros y el del abdomen de 7 milímetros, discrepancias que revelan que las balan provenían de armas distintas. Una de calibre 38 y la otra de calibre 22.

“Lo mataron, lo mataron” gritaba la gente. El caos, la locura, se apoderó de Lomas Taurinas y poco después de México. Incredulidad, dolor, impotencia y llanto recorrió todo el país.

Afuera del Hospital General de Tijuana a donde lo llevaron, la gente encendía veladoras, muchas veladoras. Oraban y pedían por su vida.

Pero, Colosio murió instantáneamente en Lomas Taurinas, para eso lo llevaron ahí, para matarlo y rematarlo. No debía salir con vida de ese lugar.

Eso se comprende cuando se va a Lomas Taurinas, ya que, a 24 años del magnicidio, esa colonia aún es de difícil acceso y salida, es muy peligrosa y está enclavada en un cañón, y en aquel tiempo salir de ahí era complicado.

Los guardias de Colosio capturaron al presunto asesino, Mario Aburto, un obrero, al que la gente indignada quería linchar, pero los agentes se lo llevan en un auto no oficial.

Colosio es llevado al Hospital General. Dijeron que ahí murió; pero en realidad llegó muerto. El tiro en la cabeza lo mató inmediatamente y además tenía un segundo tiro en el tórax, lo que descartó la versión oficial.

A México le comunicaron oficialmente que murió tras ser intervenido quirúrgicamente.

“Me permito informar que a pesar de los esfuerzos que se realizaron, el señor licenciado Luis Donaldo Colosio, candidato del Revolucionario Institucional ha fallecido”, dijo un hombre en el comunicado oficial, con lo que desplomó las esperanzas de millones de personas que se aferraban a sus oraciones pidiendo por su vida.

El magnicidio conmocionó a la nación.

El asesino de Colosio fue ejecutado horas después

Mario Aburto se declaró culpable y dijo que actuó solo, pero nadie le creyó. La segunda bala, evidenció un segundo asesino. Las sospechas aumentaron cuando los investigadores encontraron sólo una de las dos balas. Se especuló que la bala fue plantada en el lugar para apoyar la teoría del asesino solitario.

Al siguiente día del crimen, Aburto fue presentado a los medios periodísticos en el centro penitenciario de Almoloya de Juárez, en el Estado de México, pero Dora Elena y otros periodistas bajacalifornianos que vieron al original Mario Aburto, aseguraron que el que presentaron en la cárcel de máxima seguridad parecía tener formación militar y ser muy diferente al hombre que detuvieron en Lomas Taurinas.

“No es el mismo hombre”, sostiene Dora Elena Cortés, quien ahora es directora fundadora de la Agencia Fronteriza de Noticias (AFN) y colaboradora de la agencia internacional EFE.

Entonces aparecieron dobles de Mario Aburto.

El primero es un agente de seguridad, Jorge Antonio Sánchez Ortega, detenido en la escena del crimen, porque su chaqueta estaba manchada con sangre. Dijo que se manchó cuando trasladaban a Colosio a la ambulancia, por lo que surge la teoría de que fue suplantado.

En el video se ve sólo un disparo, pero no la figura de quien lo hizo comenta Dora Elena Cortés, al citar que el misterio crece cuando dos cuerpos son encontrados en un taller mecánico de Tijuana, uno de ellos era Ernesto Rubio Mendoza, un hombre que parecía ser otro doble de Mario Aburto.

Existe la versión de que Ernesto Rubio es el verdadero asesino y que fue aniquilado, cinco horas después del crimen de Colosio, para encubrir la verdad de por qué y para qué lo asesinaron.

Dora Elena explica que se dieron situaciones extrañas durante el asesinato de Colosio, empezando porque la seguridad fue muy laxa.

“Entraron muchas personas al primer círculo de seguridad de Colosio que eran policías y expolicías, que no tenían nada que ver con las corporaciones formales ni el Estado Mayor Presidencial, por lo que era inevitable preguntarse cómo llegaron a protegerlo.

“No hubo forma que se le diera una atención inmediata y una serie de aspectos que manejamos en notas sucesivas que publicamos en El Universal, lo que provocó que, a los ocho días, del crimen se publicara la investigación que se realizó en Tijuana, a ocho columnas: Colosio: víctima de un complot..

“Esto cambia completamente la situación, agrega la periodista.

Salinas reclamó a El Universal versión del complot

“Regresa la prensa nacional a reiniciar investigaciones; a nivel cupular, en el gobierno, queda una sacudida muy fuerte. A raíz de eso, tengo entendido, el licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, presidente y dueño de El Universal, recibe una llamada del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, reclamándole la información, de por qué lo habían hecho, que era irresponsable publicarlo.

“El licenciado Ealy le explica que el diario tenía ese fundamento y que pudiera ser o no la posibilidad, y el presidente dice pues si pero no lo hubieran publicado. Nunca lo negaron.

“Hubo situaciones que llevaban a fundamentar esa versión”.

Dora Elena Cortés fue la primera periodista que dio la información del atentado contra Colosio, a raíz de la cual obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por la cobertura de ese magnicidio.

Al ser entrevistada en exclusiva por RM en octubre pasado, refirió que hasta entonces la Procuraduría General de la República (PGR) nunca la ha llamado para declarar por la serie de investigaciones que hizo en torno al asesinato de Colosio.

Revela que documentaron unas cinco muertes colaterales al crimen de Colosio, entre ellas la del que era director de la Policía, unas personas que estuvieron en la organización desbarrancan en La Rumorosa, no murieron, pero uno de ellos queda de por vida en silla de ruedas.

“No quisieron hablar, a la fecha me dicen que fue muy extraño el accidente que tuvieron y lo vinculan con el crimen de Colosio, y como ese caso se dieron muchos otros”

Ese mismo día, comenta Dora Elena, de la detención de Aburto y que se da el crimen de Colosio aparece muerto un muchacho en un taller mecánico en la Zona Norte.

Obtuvimos fotografía de él de cómo quedó de perfil, ya no de frente, y esos negativos estaban cortados en el expediente oficial.