
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Hermosillo, Son., a 10 de junio del 2026.- La reciente detención de Hugo Guerrero Encinas, alias “El 01” o “El Pata de Palo”, marca un precedente en la lucha contra la violencia tecnológica en la región de Sonora y con raíces profundas en Chínipas en el estado de Chihuahua. Identificado como un operador clave de «Los Salazar» —brazo armado ligado a la facción de «Los Chapitos» del Cártel de Sinaloa—, su captura en un restaurante de Hermosillo fue ejecutada por fuerzas federales y estatales sin reportar afectaciones a civiles.
Es importante precisar que tras la detención de “El 01” queda al descubierto una infraestructura delictiva que no solo depende del armamento tradicional, sino de la sofisticación de sus rutas subterráneas y el monitoreo aéreo, retos que la estrategia de seguridad actual aún debe enfrentar con una visión integral, más allá de la captura de objetivos prioritarios.
“El 01” se desempeñaba como uno de los principales operadores de “Los Salazar” quienes han extendido su violencia desde Chinipas hasta más allá de los límites de Sonora y Sinaloa, desafiando al Cártel de Caborca y facciones leales a Ismael «El Mayo» Zambada.
Si bien las autoridades han calificado esta detención como un «golpe estructural» para pacificar la región fronteriza entre Chihuahua y Sonora, analistas en seguridad observan que la caída de un jefe de plaza de la altura de “El 01” suele ser el preludio de reconfiguraciones violentas por el control de las rutas de tráfico de fentanilo, metanfetaminas y armamento hacia Estados Unidos.
El caso de Guerrero Encinas destaca no solo por su historial delictivo —que incluye desplazamiento forzado, extorsión y robo de ganado—, sino por su rol como coordinador de ataques con explosivos mediante drones.
La evolución de estas tácticas empleadas por estos grupos criminales ha sido alarmante e incluso letal pues se han documentado modificaciones en drones comeraciales con capacidad de transportar entre 5 y 50 kilogramos de explosivos, transformándolos en armas de precisión contra convoyes y objetivos fijos.
Así como el uso de guerra psicológica a través del uso de flotillas de drones no se limita al combate; funciona como una herramienta de «halconeo» aéreo constante que ha facilitado el desplazamiento forzado de comunidades serranas enteras a raíz de una serie de ataques armados principalmente en las inmediaciones de los municipios fronterizos como Caborca y San Luis Río Colorado ha escalado la preocupación incluso en el Congreso de Estados Unidos, donde se debate el impacto de este «narcoterrorismo tecnológico» en la seguridad nacional.






