
Por: La Redacción.
Zúrich, Suiza., a 13 de mayo del 2026.- A menos de un mes de que el balón ruede en la grama del Estadio Azteca, la maquinaria de la FIFA ha encendido los motores de la euforia. Gianni Infantino, presidente del máximo organismo del fútbol, aseguró este miércoles que «están listos» para recibir al mundo en la primera Copa del Mundo tripartita. Sin embargo, detrás del brillo de las tres ceremonias de apertura prometidas, el torneo enfrenta un campo minado de desafíos diplomáticos, climáticos y sociales.
Por primera vez en la historia, el Mundial de 2026 no tendrá una, sino tres ceremonias de apertura simultáneas en México, Canadá y Estados Unidos. Infantino destacó que el objetivo es fusionar el fútbol con la música para enviar un mensaje de unidad en un «mundo que lo necesita». Con una audiencia proyectada de 6 mil millones de personas y seis millones de aficionados en las gradas, el evento se perfila como el más masivo de la historia moderna.
«Estamos listos para abrir nuestras puertas y recibir al mundo», señaló el dirigente italo-suizo, subrayando la magnitud de las 16 ciudades sede en tres «magníficos países».
Pero el optimismo de Zúrich choca con una realidad exterior compleja. El torneo nace bajo la sombra de un rompecabezas diplomático sin precedentes: la participación de la selección de Irán, en medio de las tensiones bélicas de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente. A esto se suma la rígida política antinmigración de la administración de Donald Trump, que ha puesto en duda la facilidad de tránsito para aficionados de ciertas nacionalidades.
Además, el factor económico y ambiental amenaza con empañar la experiencia. Los precios «exorbitantes» de las entradas han generado críticas globales, mientras que los meteorólogos advierten sobre las temperaturas extremas que se esperan en gran parte de Norteamérica durante los meses de junio y julio, lo que podría poner en riesgo la integridad física de los jugadores y la logística del evento.
Mientras Infantino habla de unión, el contexto local —como las recientes amenazas de comunidades indígenas en Guerrero de movilizarse durante el certamen— recuerda que el Mundial no ocurre en el vacío. La FIFA apuesta por el espectáculo como anestesia ante las crisis, pero el 11 de junio, cuando se dé el silbatazo inicial en Ciudad de México, el mundo no solo verá fútbol; verá un continente lidiando con sus propias fracturas.






