
Por: La Redacción.
Chilapa, Guerrero., a 13 de mayo del 2026.- Mientras México se prepara para ser el escaparate del fútbol global, en las entrañas de la Montaña de Guerrero el sonido de los drones no anuncia tecnología, sino muerte. Plácido Galindo, dirigente del Consejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata (CIPOG-EZ), lanzó una advertencia que resuena hasta la capital: si el Estado no detiene el asedio criminal, las comunidades nahuas «bajarán al Mundial» para denunciar ante la comunidad internacional una década de exterminio.
La crisis estalló tras siete días de ataques sistemáticos atribuidos al grupo criminal «Los Ardillos», quienes mediante el uso de drones y armas de alto poder han provocado el desplazamiento forzado de más de 800 personas hacia Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán es la prueba de una resistencia que, según Galindo, lleva 10 años siendo ignorada por el poder central.
Desde la Ciudad de México, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, han intentado encuadrar la violencia como un simple «enfrentamiento entre grupos». Sin embargo, para los habitantes de Chilapa, esta narrativa es un insulto. «No es un conflicto entre bandas; es un ataque directo para desplazarnos de nuestro territorio», sentenció el líder comunitario.
A pesar del despliegue tardío de 690 elementos del Ejército, 400 de la Guardia Nacional y helicópteros, el CIPOG-EZ califica la reacción gubernamental como puramente «mediática». Galindo acusa que la inteligencia federal carece de la voluntad para reconocer el origen del problema: la simbiosis entre el crimen organizado y el poder público.
«Les falta información a Harfuch y a la Presidenta. En la Montaña hay narcopolíticos ocupando presidencias municipales y curules en el Congreso», denunció Galindo, señalando directamente la colusión que permite que figuras vinculadas a Celso Ortega, alias “La Vela”, operen bajo el amparo de organizaciones que simulan ser de «Paz y Justicia».
Con un saldo de 76 asesinatos y 25 desapariciones en la última década, las comunidades originarias han decidido que el silencio ya no es una opción. La amenaza de movilizarse durante la Copa del Mundo busca romper el cerco informativo y exponer la vulnerabilidad de los defensores de derechos humanos en México.
En un país que busca proyectar modernidad y orden, el grito de la Montaña de Guerrero advierte que no habrá fiesta posible mientras las comunidades nahuas sigan siendo el blanco de una guerra que el gobierno se niega a llamar por su nombre.






