Por: La Redacción.

Chihuahua, Chih., a 5 de agosto de 2026. — La idea de que los grandes cárteles de la droga dominan territorios, compran gobiernos y operan como corporaciones todopoderosas forma parte del imaginario colectivo en América Latina y Estados Unidos. Sin embargo, para el investigador y profesor mexicano Oswaldo Zavala, este concepto no es más que una «narrativa» construida e impulsada por Washington para legitimar la militarización y el control político en la región.

En una reveladora entrevista, el autor del libro Los carteles no existen (2026) desmenuza cómo el lenguaje institucional ha moldeado nuestra percepción de la violencia y expone los intereses geopolíticos y económicos detrás de la llamada «guerra contra el narco».

La provocación: ¿Los cárteles no existen?

Plantear que las organizaciones criminales tal como las concebimos no existen suele generar rechazo e incredulidad en sociedades golpeadas históricamente por la violencia. No obstante, Zavala aclara que su postura no busca negar la existencia del narcotráfico ni el sufrimiento de las comunidades, sino cuestionar el término y el uso político que se le da.

“Cuando alguien dice ‘los cárteles no existen’, la gente hasta se ofende. […] Lo que digo es que cuando hablamos del fenómeno del tráfico de drogas utilizando el lenguaje que ha sido determinado por las instituciones que han militarizado el país, lo único que realmente conseguimos es legitimar la misma militarización y la violencia militar”, señala el investigador a BBC Mundo.

Según el académico de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, la palabra «cártel» fue adoptada por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) a finales de los años 70 —inspirándose en la tensión geopolítica de la OPEP y los productores de petróleo— deliberadamente como un método de propaganda para asustar y crear un «enemigo perfecto».

El espectáculo de la violencia y la trampa de la militarización

Frente a la creencia de que los capos y sus grupos armados operan como poderes fácticos intocables, Zavala advierte sobre la necesidad de analizar los procesos reales de violencia, señalando la existencia de dinámicas de paramilitarización y el uso propagandístico de las redes sociales.

Un ejemplo claro de este fenómeno ocurrió tras la muerte de Nemesio Oseguera, «El Mencho», la cual desató disturbios masivos en diversas regiones de México. Para el autor, este tipo de respuestas escandalosas cumplen un propósito funcional dentro del discurso oficial:

“Después de que salen supuestamente 250 grupos de gente a romper cosas, a incendiar coches o negocios […] lo único que le queda a la ciudadanía asombrada es pedir más militarización. Y a mí eso me resulta muy preocupante, porque a partir de ahí se asume que la violencia […] la están haciendo estrictamente traficantes, lo cual no sabemos”.

El investigador sostiene que la presencia castrense en las calles no solo no es la solución, sino que se ha convertido en uno de los principales problemas de seguridad, perpetuando un ciclo de temor y dependencia institucional.

De los «pobres traficantes» a los mitos modernos: La evolución de la narcocultura

El discurso en torno al narcotráfico ha mutado radicalmente con las décadas. Mientras que en las producciones culturales de los años 70 y 80 —como los primeros narcocorridos— se retrataba a personajes precarizados y se emitía una advertencia conservadora sobre los peligros del oficio, los productos mediáticos contemporáneos han consagrado la figura del capo todopoderoso.

Incluso los propios delincuentes, señala Zavala, han internalizado esta mitología impulsada por las instituciones. Como muestra, el autor recuerda el icónico y simbólico encuentro entre Joaquín «El Chapo» Guzmán y la actriz Kate del Castillo en 2015, donde ambos buscaban encarnar los mitos construidos por el poder oficial.

Sin embargo, la cara más dramática de este fenómeno recae en los jóvenes de sectores vulnerables:

“Nuestra juventud más vulnerable, más desprotegida, recurre a un mito para sentirse empoderada por un momento en su vida. También es el mito que termina destruyéndolos. En el nombre de un cártel han sido asesinados desproporcionadamente jóvenes pobres racializados en México”.

¿Qué hay detrás de la narrativa oficial?

Para Zavala, sostener la idea del narco como una amenaza incontrolable responde a intereses claros de intervención geopolítica y transferencia económica. El gobierno estadounidense utiliza este imaginario como mecanismo de presión diplomática: los gobiernos alineados a sus intereses son catalogados como correctos, mientras que aquellos que disienten son señalados de estar «penetrados» por el crimen.

En el plano práctico, esta política justifica el lucro derivado de la militarización:

“No solo es el contrabando de armas […] sino la transferencia de equipo, de entrenamiento y de armas del gobierno estadounidense a fuerzas armadas […] en México. Y todo eso tiene un gasto y es realmente la transferencia de dineros públicos a privados”.

Frente a este panorama, el académico concluye que el problema de las drogas debe dejar de abordarse como una cuestión de seguridad nacional impuesta desde el extranjero, para replantearse como un debate interno enfocado en la salud pública, las adicciones y la solución de las causas reales del descontento social