Por: Estela Melka Ben-Ami.

Ciudad de México, a 28 de mayo del 2026.- En medio de la devastación que ha marcado a la Franja de Gaza durante los últimos dos años y medio, ha emergido una crisis de salud mental que, aunque silenciosa, representa una de las heridas más profundas del conflicto: niños que, tras presenciar el horror, han perdido por completo la capacidad de hablar.

Expertos como Katrin Glatz Brubakk, psicoterapeuta infantil que ha realizado misiones en Gaza con Médicos Sin Fronteras (MSF), advierten que no existe un solo niño en el enclave que no haya sido afectado por el trauma. Más de un millón de menores han sufrido afectaciones graves al vivir en un entorno donde la seguridad es inexistente y la pérdida es la norma constante.

La retracción del lenguaje en estos niños no es una elección consciente, sino una respuesta neurológica de protección ante un nivel de estrés que su sistema nervioso simplemente no puede procesar.

La observación clínica indica que la prolongación de este estado de miedo constante tiene repercusiones físicas irreversibles en el cerebro infantil:

  • Afectación cerebral: Se ha observado un aumento en el tamaño de la amígdala —asociada a emociones intensas— y un subdesarrollo de la corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional, la resolución de problemas y las habilidades sociales.
  • Consecuencias a largo plazo: Especialistas califican esto como «lesiones cognitivas de la guerra», secuelas invisibles que, sin una intervención adecuada, acompañarán a estos niños durante el resto de sus vidas.

El trabajo de especialistas en terreno, como el realizado con niños llamados Adam y Mona —quienes enfrentaron la muerte de familiares y heridas graves—, demuestra que la recuperación es un proceso lento que comienza con pequeños gestos de confianza.

El juego se ha convertido en la herramienta principal para que estos niños encuentren un lenguaje para su dolor. A través de actividades sencillas, como soplar pompas de jabón, los especialistas ayudan a los niños a regular su respiración y calmar su sistema nervioso, permitiendo que la parte del cerebro encargada de la razón y la regulación emocional tenga una oportunidad de desarrollarse.

El conflicto, que desde octubre de 2023 ha dejado un saldo superior a los 72,000 muertos y más de 172,000 heridos según cifras del ministerio de salud de Gaza, ha destruido sistemáticamente la infraestructura sanitaria y educativa.

La psicoterapeuta Brubakk insiste en que, si bien el apoyo psicológico es vital, lo que la niñez gazatí requiere con urgencia es un cese definitivo de la violencia para recuperar estructuras cotidianas mínimas, como un techo seguro y el acceso a la escuela. La advertencia de los organismos internacionales es clara: sin una presión global que garantice una paz verdadera, la comunidad internacional corre el riesgo de destruir a toda una generación de niños.