Por: Estela Malka Ben-amí.

Ciudad de México., a 7 de abril del 2026.- Lo que comenzó como una advertencia se transformó este lunes 6 de abril en un caos coordinado que paralizó las arterias vitales de la República. Desde las fronteras del norte hasta el corazón del Bajío y las costas de Veracruz, productores agrícolas y transportistas lanzaron un desafío frontal al Gobierno Federal: «El campo no aguanta más».

La movilización, que incluyó tractores, cosechadoras y unidades de carga pesada, no fue un evento aislado. Fue una maniobra de pinzas que asfixió las carreteras en Zacatecas, Chihuahua, Sinaloa, Edomex, Michoacán, Baja California, Tamaulipas, Nayarit, San Luis Potosí, Guanajuato, Tlaxcala, Morelos y Veracruz.

Las demandas son un grito de guerra económico:

  1. Precios de Garantía: Un freno a la caída libre de los costos de granos básicos.
  2. Banca de Desarrollo: El fin de la asfixia financiera para el productor rural.
  3. Seguridad Nacional: El cese inmediato de los asaltos y asesinatos de transportistas en las rutas del país.

El punto más crítico se vivió en las instalaciones de Grupo Modelo, la planta cervecera más grande del mundo. Lo que debió ser una protesta pacífica se tornó en un escenario de guerra civil cuando directivos de la empresa intentaron romper el cerco utilizando a sus propios contratistas para bloquear a los manifestantes. «Nos están asfixiando con el precio del diésel», denunciaron los labriegos mientras lograban llegar a las puertas de la gigante transnacional.

En nuestro estado, la facha de la resistencia fue total. Integrantes del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano y la ANTAC no solo sitiaron la Panamericana y el acceso a Ciudad Juárez; en un acto de audacia extrema, una brigada de agricultores bloqueó el paso del tren de carga en Jiménez, cortando la conexión ferroviaria vital entre Torreón y la frontera.

En el granero de México, Sinaloa, las casetas se convirtieron en zonas liberadas. En Culiacán, Guasave y Ahome, los productores permitieron el paso gratuito de vehículos, mientras el gobernador Rubén Rocha Moya pedía «consideración», admitiendo tácitamente que el esquema de comercialización ha sido un fracaso hasta el momento.

En el Estado de México, la autopista México-Toluca se convirtió en un estacionamiento de 5 kilómetros. Los manifestantes fueron implacables: bajaron a los pasajeros de las líneas que se negaron a sumarse al paro. “La indiferencia del gobierno es peor que el gusano cogollero”, rezaba una de las mantas que resume el sentir nacional.

Mientras la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, y de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, optaron por el despliegue de fuerzas antimotines y reproches por el «daño a terceros», el sector productivo dejó claro que no se moverán. En Tepic, la advertencia fue final: «Ya tenemos empeñados hasta los certificados agrarios».