Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Ciudad de México., a 11 de mayo del 2026.- En lo que analistas califican como un nuevo episodio de «improvisación administrativa», la propuesta del Gobierno Federal de reducir el calendario escolar por hasta cinco semanas ha encendido las alarmas sobre el futuro del capital humano en México. El senador Mario Vázquez Robles (PAN-Chihuahua) calificó la medida como una «ocurrencia» que ignora las secuelas pedagógicas, sociales y económicas en un país que aún no logra recuperarse del rezago educativo post-pandemia.

La justificación de la Secretaría de Educación, que alude a las altas temperaturas y la logística del próximo mundial de fútbol para acortar las clases, ha sido recibida con escepticismo. Para Vázquez Robles, utilizar el clima como pretexto para retirar 25 días de instrucción a millones de estudiantes es un «argumento inválido» que carece de rigor técnico.

«Todos los veranos en México han sido calurosos; usar esto como justificación para amputar cinco semanas de clases es reflejo de una política pública sin brújula», señaló el legislador. La crítica apunta a una falta de inversión en infraestructura escolar climatizada, optando por el cierre de aulas en lugar de la adecuación de espacios.

Detrás de la disputa por el calendario, subyacen datos que sugieren una crisis de cobertura sin precedentes. Según cifras analizadas por la oficina del senador, México cuenta hoy con 1.5 millones de niños menos inscritos en primaria en comparación con 2018. La cobertura en este nivel ha caído del 99% al 94%, una regresión estadística que pone en duda la eficacia de los programas de retención escolar del actual gobierno.

Este descenso en la matrícula, sumado a los resultados críticos en pruebas internacionales como PISA y la controversia persistente sobre el contenido de los nuevos libros de texto, configura lo que Vázquez denomina un «cóctel de déficit educativo». El impacto, advierte, no será inmediato, pero erosionará la competitividad de toda una generación de mexicanos en el mercado global.

Más allá de las aulas, el recorte proyecta una crisis en la dinámica familiar. Un periodo vacacional de tres meses, carente de una estructura estatal que ofrezca actividades formativas o culturales, traslada la responsabilidad y el costo del cuidado infantil directamente a las familias, muchas de las cuales ya operan al límite de sus capacidades económicas y logísticas.

«Estamos frente a una decisión que prioriza la comodidad política sobre el interés superior de la niñez», concluyó Vázquez Robles. El debate sobre el calendario escolar se convierte así en el último frente de una batalla más amplia por la calidad de la educación pública, en un momento donde México parece alejarse de los estándares internacionales de excelencia académica.